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jueves, 5 de mayo de 2011

UNA BODA EN LA IGLESIA DE SANTA MARIA

"Es el 14 de mayo de 1699. Por la empinada cuesta camino de la Iglesia de Santa María –donde hoy se alza el Santuario de la Encarnación- sube una espléndida comitiva en torno a una silla porteada por seis lacayos uniformados de añil y amarillo. En su interior va una novia, una joven de unos diecisiete años. Viste saya entera, verdugado interior, el cartón del pecho, un gran cuello de lienzo plegado y alechugado o gorguera. Un velo, asegurado por su toca, cubre su rostro, pero permite adivinar que se trata de una mujer agraciada, de tez pálida, cara redonda y ojos grandes. Lleva saboyana sobre la basquiña, un pequeño guardainfante, calzas y medias. En la silla le acompaña su prima Doña Luisa de La Rocha y Mota. Detrás, a pié, cuatro o cinco caballeros y diversos hidalgos. Después, otra litera con dos damas ya entradas en años y, sobre sus mulas, otras tres, con gualdrapas de gran lujo. Entre los caballeros, destaca uno que ya peina canas, con barba recortada y blanca. Viste ropilla, un jubón lujoso, gabón, greguescos sujetos con senojiles, pretina, guantes, capote y cuello de lechugilla. Destacan sus borceguíes. Sobre su pecho, la cruz de la Orden de Santiago. Se cubre con un amplio sombrero. Es Don Gómez de Fuentes y Salcedo, Marqués de Fuentes. Acompaña a la novia por encargo de su padre, Don José Antonio de la Rocha y Carranza, Gobernador y Capitán General de Tierra Firme, Presidente que fue de la Audiencia de Panamá, Ministro de la Inquisición en Lima, Caballero de Calatrava y Coronel Propietario del Regimiento de Fusileros Reales. Lleva cuidándose de ella desde que, en 1692, viniera desde Quito –donde nació- a la Corte. Va a entregarla a quien va a ser su marido. Al cortejo acompaña un gran gentío que los alguaciles a duras penas pueden contener. Hace años que no hay un espectáculo así en Tobarra.

Por fin, la comitiva alcanza la plazoleta que está a la entrada de la Iglesia. Allí, la espera también un gentío. En la pequeña escalinata del templo, un joven, delgado, con amplio sombrero y vestido de jubón negro, con la cruz de Calatrava, pretina de plata, amplia lechugilla, guantes y valones, acompañado por una distinguida dama, su madre, por su padre y sus hermanos, por el Alcalde Mayor, por el Teniente Corregidor, Don Fernando Mosén Berulez, y otros hijosdalgos, se descubre e inclina cuando se abre la puerta de la silla y desciende la novia. Van a contraer matrimonio. El es Pablo José Carcelén de Guevara y La Rocha, hijo de Don José Carcelén de Guevara y Castro, Caballero de Calatrava, y de Doña María de La Rocha. Ella, la novia, es María Josefa Lago Bahamonde y Rocha, hija del citado Don José Antonio de La Rocha y Carranza. Son primos terceros. Tienen como común abuelo a Don Antonio Andrés Jirandía de La Rocha, que fue Maestre de Campo y Caballero de Santiago, Señor del Castillo de La Rocha, que estuvo en Lepanto y a quien, en premio a sus servicios “executados en diferentes partes de Italia, Flandes y Armada Real”, en 1574, Felipe II le otorgó el título de Marqués de Villarrocha. La boda la va a celebrar Don Francisco Tauler Cano, que ya fue cura de Tobarra antes de 1694, y que ha vuelto hace pocos meses –cesando en la Iglesia Colegial de San Patricio de Lorca- con gran alegría del pueblo, tras obtener de nuevo el curato frente a cincuenta opositores.


Han pasado unos meses. Enero de 1700. Los novios, ya casados, están en Sevilla. Vienen de Madrid. Son tiempos de zozobra. Esperan embarcarse en unos días en un galeón para Panamá; en el Santa María. Allí, harán un largo e incómodo camino hasta el mar del Oeste, el Pacífico, para embarcarse después en el galeón del Sur que los llevará primero a Lima y luego a Quito. A Don Pablo José Carcelén de Guevara y La Rocha, tobarreño, que estudió Leyes en Alcalá de Henares, lo han nombrado oidor de la Real Audiencia de Quito. Allí se establecerán en la Casa de Villa Rocha, construida por el padre de Doña María Josefa, y la engrandecerán. Allí, Doña Josefa, pasará a ser la III Marquesa de Villarrocha, al morir su padre en 1704. Allí recordará a buen seguro su boda en Tobarra. Allí tendrán a su único hijo, oriundo del pueblo, Pablo Carcelén de Guevara y Lago, que nacerá en 1707, que contraerá matrimonio con una distinguida quiteña, Doña María Petrona Pérez de Ubillús y que también será, como su padre, oidor de la Real Audiencia de Quito y, luego, Tesorero de la Santa Cruzada de la misma Audiencia. Allí nacerán sus nietos, José, Micaela, Antonia, Josefa y Mariano. Y allí, sus descendientes, serán unos de los más relevantes y preclaros primero de la Audiencia de Quito; luego de la Gran Colombia –su biznieto Antonio será Ministro Residente de Ecuador en Washington y luego Canciller de Ecuador- y, después, ya en 1871 al morir Doña Mariana Carcelén de Guevara y Larrea, de Chile, donde su hijo, Felipe Barriga y Carcelén de Guevara, seguirá el linaje."

José Leandro Martínez-Cardós

miércoles, 9 de diciembre de 2009

JOSÉ LEANDRO MARTÍNEZ-CARDÓS RUIZ: "SIEMPRE QUE PUEDO VENGO A TOBARRA"


"José Leandro Martínez-Cardós Ruiz, es el Letrado Mayor del Consejo de Estado y practica una pasión desmedida por Tobarra, su cultura, su historia y su gente, aportando el poco tiempo del que dispone y sus muchos conocimientos, al municipio en el que nacieron sus antepasados. En la actualidad es el secretario y uno de los impulsores del Instituto de Estudios Tobarreños y ha sido el primer conferenciante, en el ciclo de presentación de la asociación cultural que pretende promover actos encaminados a preservar la cultura tobarreña.

¿Pese a que no nació en Tobarra, se siente tobarreño?
No podía ser de otra manera, nací en Madrid, pero mi madre y mis abuelos son tobarreños, y yo siempre he venido a la localidad en fechas señaladas, desde niño, y siempre he considerado que ser sólo de Madrid es como ser un desarraigado.

¿Usted debe tener muy poco tiempo para todo?
Yo soy una especie de pluriempleado que vive con pasión su profesión de abogado, ya sea como Letrado Mayor del Consejo de Estado, como director de la Escuela de Práctica Jurídica de la Universidad Complutense, o escribiendo artículos para publicaciones de ámbito jurídico o cultural, y apoyando las iniciativas que surgen en nuestro pueblo.

¿Cómo surge el Instituto de Estudios Tobarreños?
Tratábamos de consolidar el Museo del Tambor a través de una Asociación de amigos en la época en la que José María Hurtado dejó de ser su director, hecho que le dejó algo marcado y con cierto desánimo, aunque enseguida se sobrepuso y dijo que debíamos tratar de fomentar la cultura de Tobarra, y que eso pasaba por intentar publicar una revista como la desaparecida Revista de Estudios Tobarreña. En esas primeras conversaciones le indiqué que el esfuerzo económico para mantener una publicación independiente era muy grande, y que no era fácil conseguir esas cantidades de manera individual, sin contar con el soporte de una asociación, por eso decidimos crear el Instituto, como asociación cultural no vinculada a ningún organismo público ni privado, que nos permitiera emprender una aventura de difusión cultural.

¿La publicación de una revista es el mayor objetivo?
Sí, y de hecho registramos el nombre de los Cuadernos de Estudios Tobarreños (ya tenemos material para publicar varios), pero José María Hurtado hizo algunas gestiones para la financiación que al final no dieron resultado y por eso pensamos en algo más barato, para dar a conocer la iniciativa y esperar momentos mejores. Por eso nació el ciclo de conferencias, porque es una manera barata de dar a conocer el Instituto de Estudios Tobarreños, una asociación privada y cultural que pretende promover actos de toda índole para preservar la cultura de Tobarra.

¿El ciclo de conferencias lo inauguró usted con un tema original, especialmente por lo de la Aviación en nuestra localidad?
Como fui quien aportó la idea del ciclo, Josemari (José María Hurtado), me cogió ‘aquí te pillo, aquí te mato’, para que fuese quien diera la primera conferencia y, aunque son muchos los trabajos que tengo hechos sobre Tobarra, una de las últimas hace referencia a la aviación y especialmente a los accidentes de aviación en nuestra localidad, que para el Ejército del Aire es un punto maldito.

¿Cómo conoce ese tema, hasta ahora tan desconocido en la localidad de Tobarra?
Resulta que fui fiscal aéreo en los años ochenta, y el teniente general Emiliano Barallano, al referirle que iba a viajar a Tobarra, que era mi pueblo, me dijo que el nombre era maldito para la aviación por los muchos accidente que se habían producido en nuestro término municipal, especialmente entre 1917 y 1950, cuando los aviones tenían hélices. Otra persona, Rafael Madariaga, del Instituto de Cultura Aeronáutica, también me dijo que el nombre de Tobarra era aciago en la historia de la aeronáutica militar. Ese fue el punto de partida para empezar a indagar por mi cuenta y pude comprobar que en el archivo general del Aire, hay una relación relativa a Tobarra que en su día se trataba como asuntos reservados: el primer accidente se produjo en 1917 en el término, y en esa zona que va desde el Apedreao, Los Mardos y la carretera de Ontur hasta Sierra hubo accidentes en 1926, dos en 1928, en 1931 y en 1933, con pérdida de aparatos, y el más grave, el del 18 de enero de 1950 en el que murieron 16 personas. Ese fue el accidente más grave de la aviación militar española durante muchos años. El que se produjeran esos accidentes, parece tener su explicación en que esa zona es una hondonada en la que puede haber ciertas turbulencias que hacían muy difícil la navegación a los aviones con hélices.

Es un tema realmente interesante. ¿Y el del tren?
Hablé sobre el proyecto de construcción del ferrocarril, que inicialmente contó con tres proyectos: uno que transcurría por la actual autovía; otro que impulsaban desde Murcia, que no pasaba por nuestro pueblo, entre Almansa, Jumilla, Yecla y Murcia ; y un tercero que es el que se ejecutó y para el que se realizaron, por parte del ingeniero que defendía el primer trazado, diversas advertencias, la principal, que no debía ir por la zona de El Raso porque las aguas que bajasen por la sierra de Abenuj crearían riadas, como así ha sido.

¿Cómo ha visto la evolución de Tobarra desde la distancia relativa?
Ahora no vivo Tobarra desde la distancia, ya que acudo casi todos los meses, aunque no sea nada más que para dar una vuelta; pero veo que ha pasado de ser una población rural a ser una pequeña ciudad de servicios. Otra transformación es que la cultural hortelana está e[...]"


Fuente: G. González, La Tribuna de Albacete Digital

martes, 8 de septiembre de 2009

EL INSTITUTO DE ESTUDIOS TOBARREÑOS VUELVE A LA ACTIVIDAD

Y lo hace con su primer ciclo de conferencias.

Tendrán lugar en la Casa de Cultura, esta es la programación:

-El viernes 25 de septiembre a las 20:00 horas:
Presentación del ciclo, a cargo de Pedro Hurtado Ríos.
Conferencia con el tema: "Ferrocarril y aviación en Tobarra" por Jose Leandro Martinez-Cardós Ruiz.

-El viernes 23 de octubre a las 20:00 horas:
Mesa redonda/coloquio: "En torno a Rubén Pinar".
Moderador: Jose María Hurtado Ríos Con la intervención de: Manuel Valcárcel Iniesta, Antonio Carrascosa Mendieta, Francisco Peña Gómez e Ismael Tárraga López.

-El viernes 27 de noviembre a las 20:00 horas:
Conferencia con el tema: "Robustiano Hernández, el primer músico tobarreño" por José Auñón Paterna.

-El viernes 18 de diciembre a las 20:00 horas:
Conferencia con el tema: "Tobarra investigada" por Guillermo A. Paterna Alfaro.

La entrada será gratuita.

Fuente: Radio Tobarra Municipal