viernes, 13 de mayo de 2016

SANTUARIO DE LA ENCARNACION: EL CAMARIN DE LA VIRGEN DE LA ENCARNACION




 El sencillo camarín de la Virgen de la Encarnación, patrona de Tobarra, es una sala rectangular con techo plano que debió construirse a finales del siglo XVII o principios del XVIII, aunque su sencillez formal pueda remitirnos a fechas anteriores. Por la morfología del edificio sabemos que fue construído con anterioridad al camarín del Cristo de la Antigua que ahora conocemos, como un añadido paralelo a la nave del artesonado. Se desconoce la fecha de construcción, quién promovió la misma y los gastos que ocasionó. No obstante, la decoración mural está fechada en 1717, como luego referiré. Las pinturas están realizadas mediante la técnica pictórica del temple, aplicado en finas capas de grosores similares con pigmentos de varios colores (bermellón, carbonato cálcico, negro orgánico, albayalde, azul índigo, azul esmalte, tierras...) donde predominan los tonos oscuros y cálidos y una factura elaborada sin empastes, veladuras o pinceladas apreciables. Una lógica pátina natural envuelve el conjunto. Algunas pinturas se asientan sobre ejecuciones anteriores como han podido detectar los análisis estratigráficos. Las humedades han deteriorado el soporte y mortero, causando grietas en los muros y manchas de humedad en las pinturas, causando enormes pérdidas en algunas de ellas.

Camarín de la Virgen de la Encarnación

 Las pinturas representan escenas de la vida de la Virgen y de Cristo, en un orden en algunos casos arbitrario. A partir del eje central del camarín distinguimos dos zonas diferentes: la primera al entrar referida más a María con sus gozos y la segunda referida a los dolores de la Virgen a través de la Pasión de Cristo:

- La Inmaculada Concepción. 2 metros de alto x 1'32 de ancho.


Camarín de la Virgen de la Encarnación

 Se encuentra a la izquierda de la entrada. La Inmaculada es la Virgen elegida antes de su nacimiento, concebida antes que Eva, en la eternidad, como medio necesario para la Encarnación del Hijo de Dios. Ella desciende del cielo, con los ojos puestos en la tierra, con el pie sobre la luna y coronada de estrellas, mientras que une los brazos sobre el pecho. La Virgen es joven, con pelo castaño tirando a morena, vestida de túnica blanca y manto azul, con los picos de la luna hacia abajo; siguiendo así las indicaciones de Fray Juan Interián de Ayala de cómo debe pintarse a la Virgen en su Inmaculada Concepción. Se representa así a la mujer del Apocalipsis (12,1), pero el hecho de representar la serpiente con la manzana en la boca en lugar del dragón, nos remite al drama del Paraíso (Gn, 3) haciendo realidad la profecía del v,5: "ella te herirá en la cabeza", tema que se desarrolla en el siglo XVIII. En los extremos superiores aparecen tres cabecillas aladas, y dos ángeles en la parte inferior, portando flores que referencian a la virginidad de María. Nos encontramos ante el modelo evolucionado de la Inmaculada que se consagra en el siglo XVII, dejando atrás el modelo de la "Tota pulchra" tan popularizado por Juan de Juanes en el que la Virgen se hace acompañar de elementos simbólicos referentes a ella, popularizados por las letanías de Loreto. No obstante, encontramos reminiscencia de ellas en las flores de los ángeles: lirio "sicut lilium inter spinas" (como lirio entre espinas) y las rosas: "pantatio rosae" (planta de rosa). En la parte inferior aparecen otros como una ciudad con sus torres: "civitas Dei" (ciudad de Dios) a la izquierda, y a la derecha una cerca amurallada: "hortus conclusus" (jardín cerrado) y en la ladera del horizonte una vegetación simbólica: olivo "oliva speciosa" (oliva vistosa), un cedro "cedrus exaltata" (alta como un cedro), palmera "palma exaltata" (alta como una palmera) y un ciprés "cipresius in Sion" (como ciprés en Sión).

Camarín de la Virgen de la Encarnación

Donante:
"A DEVOCIÓN DE D. DIEGO RODRÍGUEZ DE ROXAS Y DE DIEGO RODRÍGUEZ MONTOIA SU HIXO REXIDORES DE ESTA VILLA".
Diego se casó en primeras nupcias con María Laurencia Ruiz Pérez y Montoya y en 1703, en segundas nupcias con Josefa Pérez Pastor. Su hijo Diego Rodríguez Montoya se casó en 1695 con Isabel Mateo Carcelén, enviudando en 1717 y casándose de nuevo con Quiteria Marín Blázquez en 1722. Fue enterrado en la parroquia en 1726.

 - La Anunciación. 2 metros de alto x 2 metros de ancho.

Camarín de la Virgen de la Encarnación

 En concreto se trata del misterio de la Encarnación del hijo de Dios, ya que aparece la paloma representando al Espíritu Santo. El pintor siguiendo las orientaciones de Trento, ha sacado de la escena todos los elementos de naturalidad cotidiana para desarrollar los divinos. María es sorprendida mientras ora sumida en la lectura del libro que tiene abierto sobre el atril, arrodillada con los brazos cruzados sobre el pecho, volviéndose ante la visita inesperada del arcángel Gabriel, que flota sobre una nube y ofrece a María la vara de azucena, signo de pureza. Mientras, eleva el índice de la izquierda hacia arriba, indicando su origen como mensajero de Dios y del Espíritu Santo, de cuya cabeza brota un haz de luz que ilumina la de María. Aparecen dos cabezas aladas: el de la derecha parece ser un repinte o añadido posterior por las diferencias estilísticas con el resto de la obra, quizá fruto de la restauración de 1881.

Camarín de la Virgen de la Encarnación
Camarín de la Virgen de la Encarnación

Donante:
 "A DEVOCIÓN DE JOSEPH RAMÍREZ ARNEDO".
Casado con María Ródenas Muñoz en 1704 y enterrado en el Convento en 1743.

 - La adoración de los pastores. 2 metros de alto x 2 metros de ancho.

Camarín de la Virgen de la Encarnación

 Son tres los pastores que vienen a adorar al Niño, para equilibrar la escena con la de los Reyes de Oriente. Sin embargo los regalos clásicos como el cordero, el cayado y la flauta son omitidos. Dos aparecen arrodillados, mientras el tercero se inclina descubriendo su cabeza. Frente a ellos está la Sagrada Familia: José con su vara florida, con María que muestra al Niño a los pastores. De los característicos animales, solo aparece el buey en la parte inferior de la escena.

Camarín de la Virgen de la Encarnación

Donante:
"A DEVOCIÓN DE FRANCISCO DE OCHOA Y DE JOSEPHA BALERO SU MUXER". Francisco Ochoa, natural de Albatana, hijo de Alonso Ochoa y María Vera, fue bautizado en 1675. Se casó en 1715 con Josefa Ruiz Valero, hija de Joseph Ruiz y Ana Ibañez.

 - La adoración de los Reyes Magos. 2 metros de alto x 1'68 metros de ancho.

Camarín de la Virgen de la Encarnación

 Se trata del mural más dañado, del que se ha perdido casi la mitad del mismo. Se han conservado los tres reyes, que siguen los criterios comunes: Melchor anciano de pelo cano y barba larga, Gaspar de mediana edad y barba corta y Baltasar imberbe y de raza negra, representando las edades de la vida y las etnias de las diferentes partes del mundo conocido: Europa, Asia y África. Melchor, con el regalo en el suelo, se arrodilla haciendo ademán de besar la mano del Niño, mientras Gaspar y Baltasar se inclinan a modo de reverencia. Solo aparecen dos regalos: el oro de la copa del suelo y el tarro de incienso. La mirra queda oculta. Frente a ellos debemos imaginar a María sentada con el niño y José de pie.

Camarín de la Virgen de la Encarnación

Donante:
"A DEVOCIÓN DE D. ANTONIO BALCÁRZEL ALFARO, REXIDOR PERPETUO DE ESTA VILLA".

 - La educación de María. 2 metros de alto x 1'65 metros de ancho.

Camarín de la Virgen de la Encarnación

 En una sala por cuya ventana se ve un paisaje montañoso se encuentra Ana enseñando a una joven María, cogiéndola por el hombro mientras que con la otra mano le señala el rexto de un pergamino que la niña sostiene en sus manos. Su padre, Joaquín, en segundo plano asiste a la tarea educadora de su esposa. El tema aparece a finales de la Edad Media y se populariza a partir del siglo XVI, unido al progreso del culto a Santa Ana, a quien la devoción popular se empeñó en atribir un papel en la educación de María, a pesar de carecer de fundamento bíblico. Además, según los Evangelios Apócrifos y la Leyenda Dorada, María abandonó a sus padres con tres años para ser consagrada a Dios en el Templo.

Camarín de la Virgen de la Encarnación

Donante:
"A DEVOCIÓN DE D. JERÓNIMO PÉREZ TOMÁS Y Dª BICTORIA RODRÍGUEZ DE ROXAS, SU MUXER".
Don Jerónimo fue bautizado en 1675, hijo de Juan Pérez Vera y María Tomás. Fue enterrado en la Asunción en 1746. Doña Victoria fue bautizada en 1677, hija de Diego Rodríguez de Vera y Rojas y de María Laurencia Ruiz Pérez y Montoya, siendo enterrada en la capilla de San Antonio del Convento en 1745.

 - Ventana.
Camarín de la Virgen de la Encarnación

- La Virgen de la Soledad. 2 metros de alto por 1'70 metros de ancho.

Camarín de la Virgen de la Encarnación

 La composición, lejos del naturalismo barroco, nos presenta a la Virgen entronizada; dos cortinas se abren para descubrir y centrar la imagen, que es una abstracción, gozando de las propiedades de una escultura de vestir. Un gran manto azul estrellado, como el cielo nocturno, con un borde dorado contrasta con el tejido blanco zigzagueado del vestido. Ella, coronada con una corona radiante a modo de custodia del siglo XVII, inclina su cabeza hacia su derecha y recoge la mirada en signo de dolor interiorizado; junta las manos bajo el manto llevando la corona de espinas y los tres clavos de manera emblemática. Hereda de la Virgen de la Piedad la cruz y el sudario del fondo

Camarín de la Virgen de la Encarnación

Donante:
"A DEVOCIÓN DE D. FERNANDO DÍAZ OSSA CURA BENEFICIADO DE ESTA VILLA Y VISITADOR GENERAL DE ESTE OBISPADO".
Toma posesión como beneficiado y cura propio en octubre de 1709, y aparece firmando como cura propio hasta noviembre de 1717 y como Visitador general del Obispado de Cartagena, en nombre del Obispo D. Luis Belluga en 1718 y 1720. Su madre, Isabel Díaz Ossa fue enterrada en la parroquia en 1731. Esta inscripción es un repinte, al parecer motivado por su repentino ascenso en 1717 como visitador general, incluyendo así la nueva condición del donante.

 - La Flagelación. 2 metros de alto x 2 metros de ancho.

Camarín de la Virgen de la Encarnación

 Los textos evangélicos se limitan a decir que Jesús fue azotado, sin mencionar ninguna columna; no obstante este tema se ha popularizado en el arte. Aquí aparece representada la escena con gran sencillez. Cristo aparece de pie, sin túnica, solo cubierto por unos lienzos, y con las manos atadas a una columna corta a modo de balaustre, siguiendo el criterio de la Contrarreforma. Su cabeza luce el limbo luminoso con las características tres potencias. Su mirada serena se dirige al espectador. Mientras, sus verdugos le azotan, uno con un haz de varas, y el otro con un flagelum: látigo de correas de cuero que en sus extremos tiene bolas de plomo con pinchos.

Camarín de la Virgen de la Encarnación

Donante:
"A DEVOCIÓN DE D. ALONSO ANTONIO LADRÓN DE GUEVARA".
Fue enterrado en el Convento en 1743.

 - Camino del Calvario. 2 metros de alto x 2 metros de alto.

Camarín de la Virgen de la Encarnación

 Cristo en el centro con la cruz; dos soldados le golpean al fondo y otro a la derecha tira de él mediante la cuerda que lleva atada en la cintura. Mientras, Simón de Cirene, a la izquierda le ayuda con la cruz. Destaca el contraste entre la finura y la nobleza de la ejecución de la cabeza del Nazareno con la ruda ejecución del resto de personajes.

Camarín de la Virgen de la Encarnación

Donante:
"A DEVOCIÓN DE D. FRANCISCO CARZELÉN BARNUEVO".
Hijo de Joseph Carcelén y María Rodex, casado con Ana Francisca Buendía, de la que enviudó en 1725. Fue enterrado en la Asunción en 1731.

 - La Crucifixión o Calvario. 2 metros de alto x 2'12 metros de ancho.

Camarín de la Virgen de la Encarnación

 En el centro, Jesús aparece clavado en la cruz, de la que cuelga la cartela en forma de pergamino con el famoso INRI (Jesús Nazareno Rey de los Judíos). Aparentemente está muerto por sus ojos cerrados, aunque la cabeza permanece erguida. A sus pies, María Magdalena abrazada al madero; a la izquierda, con las manos unidas (más parece en plegaria que por dolor) está María y a la derecha, Juan, con las manos cogidas y la mirada perdida en el horizonte. Es una escena inconexa, carente de intercomunicación y fuerza expresiva.

Camarín de la Virgen de la Encarnación

Donante:
"A DEVOCIÓN DE D. FRANCISCO OCHOA CURA TENIENTE DE ESTA VILLA".
Permaneció en Tobarra entre 1714 y 1719.

 Sobre la puerta de acceso se encontraba una cartela, fruto de la restauración del siglo XIX, que decía:
 
 "SE ACABÓ ESTE CAMARÍN 
 AÑO 1717. 
 SE RESTAURÓ 
 AÑO 1881."

Cartela del Camarín de la Virgen de la Encarnación antes de la restauración

 Bajo esta, se transparentaban letras de otra anterior cuyo texto parecía ser más rico en detalles, por lo que fue descubierta durante la restauración:
"ACABÓ ESTE CAMARÍN AÑO DE 1717 SIENDO OBISPO DE CAR
TAGENA EL EXCELENTISSIMO DON LVIS BELLUGA Y MONCA
DA CURA BENEFICIADO DE LA PAROQUIAL DE ESTA VILLA EL DOC
TOR DON FERNANDO DÍAZ OSSA VISITADOR GENERAL DEESTE OBIS
PADO MAIORDOMO DESTA YGLESIA JUAN MARTINEZ ORTIZ."
Camarín de la Virgen de la Encarnación

 Sobre la cornisa aparece otra inscripción que reza:

"RESTAURÓ ESTE CAMARIN MARCIAL FERNANDEZ Y MOLINA. AÑO 1881"

Camarín de la Virgen de la Encarnación

Maria Dolores Barnuevo, responsable de la última restauración señala como las aportaciones de la intervención del siglo XIX son técnica y estéticamente inferiores en calidad que las pinturas originales. A esta intervención pertenecen las cenefas ocres que repintan el antiguo motivo moteado y todo el techo.

Camarín de la Virgen de la Encarnación

Su estado de conservación era lamentable, siendo el agua el agente erosivo más dañino: grandes goteras afectaron a la Adoración de los Reyes y parte de la Educación de María, y humedades por capilaridad a su vez afectaron a casi todo el zócalo y a murales como la Crucifixión.

En el documento adjunto de la bibliografía podéis observar más detalles de cómo se realizó la restauración.

Bibliografía:

 - "La práctica de la restauración (VII): Santuario de la Encarnación de Tobarra. Virgen de la Encarnación: camarín". María Dolores Barnuevo y Pablo González. La Tribuna dominical.
- "Mirando al pasado. Las pinturas murales del camarín de la Virgen de la Encarnación". Luis Enrique Martínez Galera. Libro de Semana Santa de Tobarra de 1998.
- "Santuario de la Encarnación y Cristo de la Antigua en la villa de Tobarra". Luis Enrique Martínez Galera. Libro de Semana Santa de Tobarra de 1999.  

Fotografías:  
José Rafael Navarro (las actuales)

miércoles, 11 de mayo de 2016

LEYENDA DEL CRISTO DE LA ANTIGUA

DATOS DEL SANTÍSIMO CRISTO DE LA ANTIGUA DEL PUEBLO DE TOBARRA (ALBACETE)


CÓMO SE ENCONTRÓ LA SANTA CRUZ

Cristo de la Antigua - Dibujo 1784


 “Con la timidez propia en mí, junto con mis escasos conocimientos y mi oscurecida imaginación, he permanecido en el lugar más apartado de casa, sujetando en mi mano derecha la pluma y apoyada la frente en la muñeca de la izquierda, se ha desligado el tiempo sin poder precisar las horas que he empleado en trazar estas líneas nacidas, lo confieso, más que por los pequeños datos que puedo aportar; por mi amor, por mi adoración a ese Cristo de la Antigua, a ese divino Crucifijo que se alza en la cumbre de este monte.
 Millares de veces he ascendido por la cuesta que conduce a la plataforma o especie de patio rodeado de la pequeña muralla que sostiene la sencilla baranda de hierro en donde, apoyados mis brazos he inclinado mi cabeza dejando bajar mi vista sobre ese trozo de tierra tobarreña. Rodeada de densas sierras y adornada en los meses primaverales de exuberante vegetación, cubierta de frondosos olivos, de sus espesos y abundantes ropajes y revestidos de árboles frutales de miles de florecillas que realzan y lucen sus bonitos y diversos colores ante el esplendor que les prestan los penetrantes rayos del Sol ardiente y la blanca luz que despide el trasparente azul del hermoso cielo que nos cubre.
 Ante la contemplación de este bello panorama, crece mi deseo y mi interés se dobla en la pregunta que ya infinidad de veces y tiempo ha volteado en mi pensamiento; me obliga a retirarme de la fría baranda y volverme de súbito hacia la gran puerta que da entrada a la grandiosa mansión de nuestro Cristo de la Antigua; cruzo su dintel, penetro en la santa morada a donde voy llevado por mi verdadera devoción nacida en el fondo de mi alma y mi constante y tenaz empeño de contestarme a las preguntas que constantemente se repiten en mí: ¿quién fue el feliz mortal elegido para descubrir de entre los escabrosos y salientes peñascos de esta endurecida cumbre santa la Reliquia del Divino Cristo de la Antigua?
 Preguntas han sido estas, que por espacio de mucho tiempo, han ocupado mi pensamiento sin alcanzar satisfactorias respuestas hasta hoy, que empujado con más ímpetu me postro de rodillas ante el altar.
 Saludo a nuestro adorado Cristo, dirijo mi vista al camarín, pasmosa obra de arte, nido del genio y de la inspiración de gran artista que se realza en los tiempos antiguos y presentes y ante la contemplación de esta grandiosa obra y del misterio que encierra el ser hallado el Divino Cristo de la Antigua por un simple pastor.
 Mucho se podría escribir sobre esto, pero solo me inclino a creer que los escasos datos que expongo a continuación están basados en una gran verdad que es poderosa y sostenida por los hombres de ayer y un tanto tibia por los de hoy.
El Cristo de la Antigua fue hallado por Isidoro Mateo Santos, sencillo pastor de 27 años de edad que apacentaba su pequeño rebaño en un costado del monte, esto no es para dudarlo, pues lo afirman nuestros antepasados y nos lo afirma el saber que un día cuando estaba el pacífico pastor recostado sobre el espeso follaje del monte, en aquel tiempo se entretenía en amontonar piedrecillas que después arrojaba por una estrecha abertura que se observaba entre dos peñascos.
 En una de estas horas en que este sencillo entretenimiento era lo que maquinalmente divertía al pastor y sin darse cuenta invertía el tiempo escuchó claro y potente el fino sonido de una campanilla de cobre, el eco de este metal entumeció al modesto pastor que poniéndose en pie buscó con la vista el objeto que lo había promovido; al no hallarlo sobre la superficie se fundó una idea en su mente, se inclinó de nuevo y volvió otra vez al inocente juego y oyó el sonido con toda entereza que vibró con más fuerza, de tal manera que al percibir el sonido en sus oídos abandonó con toda ligereza aquel lugar y sin acordarse del rebaño que tranquilamente seguía apacentando; descendió por los resbaladizos y salientes peñascos fatigado y sudoroso por la veloz carrera con los ojos desmesuradamente abiertos y los brazos en forma de cruz, se detuvo en el cetro de lo que hoy llamamos "Portachuelo" y en donde el aquel tiempo se levantaba el pequeño pueblo de Tobarra que se componía de más de cien casas y unos cuatrocientos habitantes que sabedores de lo acontecido salieron presurosos de sus viviendas y treparon de peñasco en peñasco siguiendo al humilde pastor que se detuvo señalando con el dedo índice la estrecha abertura de la pequeña sima por la cual había salido el penetrante y fuerte sonido.
 El pueblo en masa hizo la excavación extrayendo de entre las endurecidas piedras la Santa Imagen del Cristo de la Antigua.
  Se sabe que en el año 712 [1] [sic] los moros invadieron por primera vez nuestro suelo español y se sabe aún cuando no lo podemos asegurar por impedírnoslo la fuerte muralla que se interpone en el transcurso de los años que el Divino Cristo de la Antigua fue entregado en el año 980 por un santo varón, sacerdote de Granada llamado Aurelio Ansina, a un hijo de este pueblo y descendiente de honrada familia, encargándole que lo conservase asegurándole en el momento de ponerlo en sus manos, que era obra de Dimas Grande, escultor de aquellos tiempos.
 El religioso llamado Macario Moreito a quien le fue entregado el Divino Crucifijo lo conservó en el mejor lugar de su casa y cuando en el año 994 los moros fueron expulsados de estas tierras, Macario verdadero cristiano levantó una pequeña capilla en la cumbre de este monte cubierto en aquella época de abundantes romeros y gruesos y elevados pinos y cuando en el año 1004 volvieron otra vez a estas tierras, temeroso de que los sarracenos se lo arrebataran y profanaran, lo ocultó en las entrañas del monte en donde ha permanecido por espacio de varios siglos.
 (Antiguamente hubo en el extremo norte del cerro un castillo, defensa contra el moro[2] [sic] del que quedan unos restos de muralla llamados “los Ojos del Diablo”. Unas notas de historia ponen la fundación de Tobarra en tiempos del emperador romano Decio[3], en el siglo III).

Entonces los moros al conquistar el castillo convirtieron la ermita en mezquita de algunos jefes. Esto lo afirman las reformas árabes, estilo marraco [?], que claramente se ven en el cielo de la techumbre[4] de la nave en donde se levanta el altar de Nuestra Señora de la Virgen de la Encarnación y cuando en el año 1209 [5][sic] los árabes se fueron al último reducto musulmán de Granada, los descendientes de la gran ciudad de Túrbula, como le llamaban al antiguo caserío de este pueblo en los tiempos en que residieron en España los romanos y fenicios; levantaron las gruesas y grandes paredes que se alzan altivas como murallas de granito sosteniendo con orgullo la santa casa habitada por nuestro Cristo y edificada por nuestros padres de ayer, verdaderos religiosos empujados por el misterio de esa fuerza poderosa y radiante que se encierra bajo el nombre de fe.
 La fe fue quien empujó al gran orador San Vicente Ferrer[6]a subir a predicar en el púlpito de esa elevada mansión en donde se conserva la caja que encierra los restos de varios santos y se alza la grandiosa joya adorada por los hijos de Tobarra.
 En el pecho de los tobarreños, de los hijos de este suelo se levanta un pedestal y sobre él, se destaca la divina y sagrada imagen de nuestro Santísimo Cristo de la Antigua.

Escrito[7] el día 3 de Marzo en Tobarra, en el año 1924
y
reescrito por mí[8] el día 18 de Mayo en Tobarra, en el año 1973.”


[1] 711
[2] En realidad se trata de un hisn musulmán.
[3] Gayo Mesio Quinto Trajano Decio (201-251).
[4] Se refiere al artesonado mudéjar.
[5] La Batalla de las Navas de Tolosa tuvo lugar en 1212 y Alcaraz se tomó al año siguiente. Tobarra no sería reconquistada hasta 1243 por el infante Don Alfonso de Castilla, futuro Alfonso X “el Sabio”. No hay que tomar como ciertos varios de los datos aportados por el texto.
[6] En 1411.
[7] Por Pedro Gómez Monge.
[8] Por Rafael Navarro Valcárcel, mi padre.